Por Ian Morales

El presente ensayo presenta una breve biografía del abogado, economista, académico y político chileno Felipe Herrera Lane (1922-1996). El propósito de este escrito es una reconstrucción de las ideas de Herrera, a través de un rápido repaso de sus obras escritas y de su participación política. A pesar de la lejanía temporal, ambas dimensiones de la vida de Herrera demuestran una sorprendente actualidad en un periodo marcado por la conformación de un mundo multipolar y los embates de las inconclusas tareas del desarrollo y la unidad del bloque latinoamericano en su conjunto.

1. Su vida:

Luis Felipe Herrera Lane nació en Valparaíso en 1922, en el seno de una familia de clase media, conformada por Joaquín Herrera Aguirre, capitán de la Armada de Chile y su esposa Inés Lane Délano, a quienes posteriormente se sumaría Beatriz Herrera Lane en 1925. En 1947, Herrera Lane contrajo matrimonio con Rosa Álamos Junemann [1] con quien tuvo 2 hijos: Claudio y Luis Felipe. Luego, en 1961, se casaría con Inés Olmo Sepúlveda con quien tuvo una hija: Inés Herrera Olmo.

En su introducción a la biografía escrita por Luciano Tomassini, el historiador español Leopoldo Castedo nos ofrece una completa caracterización de Herrera Lane:

Felipe no era ni alto ni bajo, ni obeso ni flaco, aunque tendiera más a lo primero, pero sin exceso, la temprana calvicie contribuía ciertamente a acentuar su aura intelectual. Pero tal vez el rasgo físico más acusado, e indudablemente el más atractivo, fuera su sonrisa permanente, algo infantil, que no implicaba la concesión propia del hombre complaciente, sino que era la expresión de una bonhomía que se evidenciaba en sus actos y actitudes. Bien es cierto que, cuando las circunstancias adversas así lo exigían, su rostro reaccionaba enérgicamente adoptando una expresión, más que recia, inexorable. De sus cualidades, quizá la capacidad de organización era la más acusada y evidente, ya ostensible desde su actuación inicial en la federación de estudiantes, en plena juventud, hasta en sus últimas ideas en el ámbito del apoyo financiero de las más plurivalentes manifestaciones de la cultura. Además los impedimentos físicos nunca mermaron su enorme capacidad de trabajo ni su obsesión por abrir nuevos caminos para los más variados proyectos de bien común. (1997, págs. 13-14)

Se formó como abogado en la Universidad de Chile y realizó estudios de posgrado en economía en la London School of Economics. Desarrolló una dilatada carrera académica dedicada a la enseñanza de la economía en la Universidad de Chile, el Instituto de Estudios Bancarios Guillermo Subercaseux y la Pontifica Universidad Católica de Chile.

En cuanto a su trayectoria laboral, ingresó a trabajar en el Banco Central de Chile en 1947, institución en la cual iniciaría una meteórica carrera como funcionario. Partícipe activo de la política nacional, ejerció como Subsecretario de Economía (1952-1953), Ministro de Hacienda (1953) y Gerente General del Banco Central de Chile (1953-1958) durante el segundo gobierno de Carlos Ibáñez del Campo. Posteriormente su carrera obtendría un alcance internacional, al ser designado Director Ejecutivo para América Latina del Fondo Monetario Internacional (1958-1960), desde donde promovería la creación del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), del cual sería presidente (1960-1970). Desde esta institución, Herrera intentaría llevar a cabo sus más altas aspiraciones en la consecución del desarrollo y la emancipación de Chile y de América Latina.

En 1970, con la victoria de la Unidad Popular, Herrera retornó a Chile para retomar su carrera académica y colaborar con la organización de la 3era Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD III). En este periodo, la Unidad Popular lo postularía para el cargo de Rector de la Universidad de Chile compitiendo contra Andrés Pascal Allende (candidato del MIR) y contra el incumbente Edgardo Boeninger (candidato democristiano, quien sería reelecto). En 1971, Herrera sería nominado al cargo de Secretario General de la Organización de las Naciones Unidas, aunque esta candidatura no prosperaría debido al veto norteamericano.

Con el advenimiento de la Dictadura Militar, Herrera se mantuvo como docente universitario y participó como opositor, formando parte del movimiento Independientes por el Consenso Democrático [2]. En el plano internacional, Herrera se mantuvo activo como representante de instancias multilaterales como Instituto de las Naciones Unidas para la Formación Profesional y la Investigación (UNITAR), el International Development Research Center (IDRC) de Canadá o el Grupo de Estudios Conjuntos sobre Integración Económica Latinoamericana (ECIEL). Herrera falleció en Santiago el año 1996.

2. Obras y pensamiento

a. Ideario político:


En el plano político, Herrera estuvo vinculado al socialismo chileno. Ingresó como militante en 1946, tras ser destacado dirigente estudiantil y se retiraría de dicha tienda en 1957. Al poco tiempo de ingresar al Partido Socialista, este atraviesa un importante cisma en torno a la promulgación de la “Ley Maldita”, Felipe Herrera tomó partido por la facción opositora a la proscripción del comunismo, la cual pasó a ocupar el nombre de “Partido Socialista Popular”. Será dentro de esta tienda que Herrera Lane se desempeñará, por breve tiempo, como ministro en el segundo gobierno de Carlos Ibañez del Campo.

En 1957, el socialismo se reunificaría y será en este periodo que Herrera renunciaría a su militancia. Las razones de esta decisión se deben a desencuentros ideológicos con el rumbo que empezaba a tomar dicha colectividad. En una extensa carta a Salomón Corbalán, Herrera expondría sus motivos:

El socialismo introdujo en el primer decenio de su existencia temas y preocupaciones nuevas en la política chilena. se renovó el juego ya gastado de los tradicionales partidos y los esquemas aportados por el comunismo, y se reemplazaron por un enfoque realista del devenir social de Chile. Fueron los años al que el socialismo planteó en nuestro país la planificación del desarrollo económico, la industrialización, las transformaciones estructurales de la agricultura, la reforma de la Seguridad Social, y la integración económica y política de América latina. Esta nueva ventana abierta sobre nuestra realidad permitió que extensos sectores obreros, empleados y profesionales intuyeran que el socialismo podría ser la herramienta de la política de renovación y de construcción del progreso material y social del país, con un claro contenido democrático y progresista.

[…] A mi modesto entender, esta conducta, que alguien podría definir como “escapista”, se debe a una circunstancia básica: que el movimiento socialista no ha querido ser un movimiento socialista chileno. Puede que esto sea paradójico, pero no es un mero juegos de palabras. El socialismo, a pesar de su origen en nuestro país, a pensar de un entronque con otros movimientos similares en América latina y en el Mundo, a pesar de las convicciones personales de sus dirigentes y militantes, ha tenido una especie de inhibición para definirse en términos que puedan ser análogos a los de otros partidos socialista. El tremendo miedo al apelativo, que a veces pareciera antiestético, de “social-demócrata”, es tal vez una de estas circunstancias casi freudianas que han impedido la clarificación de la actitud doctrinaria y política del partido. (págs. 93-96)

A pesar de su retirada del socialismo, Herrera siguió manteniendo relaciones cordiales con personeros de dicha tienda como Carlos Altamirano, Clodomiro Almeyda, Eugenio González y Salvador Allende. Con estos antecedentes puede decirse que Herrera, dentro de la amplia y contradictoria familia ideológica del socialismo, pertenece al “socialismo humanista” (representado por la figura de Eugenio González). A pesar de su preferencia por el reformismo [3], Herrera siempre hizo suya la bandera por la búsqueda constante de la mejora de las condiciones vitales de los desfavorecidos.

Por otro lado, es notoria la afinidad ideológica, la influencia intelectual y la simpatía personal de Herrera con diversos partidos “democrático-populares” latinoamericanos como lo fueron el APRA peruano o la Acción Democrática venezolana. En la década de 1940, en el marco de una gira estudiantil por Perú, Herrera se entrevistaría con Víctor Raúl Haya de la Torre, afianzando su vocación latinoamericanista:

Luego, por intermedio de dirigentes universitarios, tuvieron una entrevista con el fundador del APRA, Víctor Manuel (sic) Haya de la Torre. […] Felipe recuerda que, aunque ya en esa época lo llamaban “el viejo”, sintieron que “su conversación, tormentosa y profunda, los colocaba frente a un espíritu joven”. Se conversó de la situación política en Chile. Haya de la Torre analizó la fragilidad de la democracia chilena detrás del sistema partidista aparentemente sólido. Hizo un paralelismo entre el conservadurismo británico y el chileno, y su aporte a la historia de las dos naciones, pero dijo que por aquel entonces ambos habían perdido el timón de la historia. Admiraba el socialismo chileno, que según él tenía muchos puntos de contacto con el APRA, pero percibía que los partidos de izquierda, en su conjunto, vivían en crisis. Era el principal abanderado de la integración americana y pensaba que “las fronteras de Indoamérica deben ser el futuro simples límites administrativos”. (Tomassini, 1997, págs. 55-56)

b. La unidad continental:

La vocación latinoamericanista de Herrera parte de la concepción de que América Latina, posterior a su proceso independentista, comprende una “nación desmembrada”. Quizás la obra que mejor refleja este pensamiento es su libro “Nacionalismo Latinoamericano”, donde Herrera abraza el ideario de distintos próceres y pensadores continentales como Andrés Bello, Eugenio María de Hostos, José Martí, Gabriela Mistral y Joaquín Edwards Bello:

No es entidad ficticia la nación latinoamericana. Subyacente en la raíz de nuestros estados modernos, persiste como fuerza vital y realidad profunda. Sobre su secular material indígena, diverso en su forma y maneras, pero similar en su esencial, lleva el sello de tres siglos de dominación ibera. Experiencia, instituciones, cultura e influencias afines la formaron desde México hasta el Estrecho de Magallanes. Así, unitaria en espíritu y en su fuerza, se levantó para su independencia.

Si América Latina quiere recobrar el tiempo perdido para no quedar definitivamente rezagada en la historia, ha de acelerar el ritmo de su integración económica, y para ello hacer frente a la necesidad de su integración política. Muchas condiciones y circunstancias de su realidad geográfica, histórica y humana favorecen uno y otro intento. A ella, como unidad, le toca recobrar el impulso de un proceso de desarrollo económico frustrado, más que iniciar uno nuevo. América Latina no es un conjunto de naciones: es una gran nación desecha (1967, pág. 142)

Un punto interesante es que la vocación latinoamericanista de Herrera es su reivindicación del pasado imperial ibérico. Siguiendo una matriz argumentativa similar a la de Joaquin Edwards Bello o Jorge Abelardo Ramos, Felipe Herrera propone una continuidad histórica entre los Imperios Español y Portugués con el bloque continental latinoamericano, siendo crítico de los nacionalismos particularistas surgidos tras los procesos independentistas: Después de dar respuesta durante tres siglos a todo este desafío geográfico, cultural y humano, América Latina debe enfrentar un tercer reto: el de su independencia. Se dan las circunstancias –y hemos hecho ya referencia a lo ocurrido en Brasil– de que en el caso hispanoamericano la gesta se realice a través de una guerra civil contra la metrópoli. Sin embargo, debemos tener presente que esta respuesta bélica tiene un desenlace orgánico gracias a la infraestructura institucional establecida por España, que fue fundamental, a través de sus municipios o cabildos, en el logro y organización de nuestra propia autonomía. Desgraciadamente, la mantención integral de la estructura básica creada por España, por razones geográficas, por el individualismo propio del hispanoamericano y por muchas circunstancias que sería largo de analizar, no pudo mantenerse como la base de una América Latina unificada, desviándonos así del camino que nos señalaba la antorcha de Bolívar. (2007, págs. 10-11)

En base a esta idea de matriz orteguiana es que Herrera vislumbra amplias posibilidades de desarrollo económico y afianzamiento de valores culturales compartidos en el reencuentro entre América Latina y la Península Ibérica, integrada esta en el concierto europeo (2007, págs. 25-26).

A partir del reconocimiento de nuestra historia y cultura compartida es que Herrera plantea que América Latina, como bloque continental, debe alcanzar un rol como “Centro de Poder” económico y cultural en el esquema de un mundo multipolar. Incluso en los albores de la Guerra Fría, Herrera sostuvo que:

[…] tienden a definirse cada vez más las tendencias que dan la imagen de un mundo "multipolar", donde los centros de poder representados por la Unión Soviética, por los Estados Unidos, por China Popular, por Japón y por una Europa Occidental Unida, se conjugan también con la realidad de un "tercer mundo", donde tienen importante vigencia naciones continentes y subcontinentes que representan grandes aglomeraciones humanas: el mundo árabe, India, Indonesia y la emergente África Negra. En esa pluridimensión, América Latina está llamada a tener un nuevo significado. (1973, pág. 15)

El mayor hito de su carrera profesional fue la creación y dirección del BID, el cual tenía por fin “[…] asumir un liderazgo económico e intelectual y jugar un rol activo en el apoyo al fortalecimiento institucional y al financiamiento de proyectos de desarrollo económico, social y de integración” (Pinedo, 2009, pág. 168). Contrario a la intención inicial de Herrera [4], hoy el BID es considerado ampliamente como un instrumento de la hegemonía norteamericana (y global) sobre nuestro continente.

Además de su paso por el BID, su mayor esfuerzo por materializar dichas ideas fue el intento de creación de un “Mercado Común Latinoamericano”. En 1965, el presidente Eduardo Frei Montalva, encargó un estudio sobre la elaboración de este “Mercado Común Latinoamericano” bajo la dirección de cuatro destacados economistas[5]. Dicha iniciativa:

[…] por una parte, está condicionada a los esfuerzos nacionales de desarrollo y es al mismo tiempo elemento indispensable para fortalecer y acelerar dichos esfuerzos; por otra parte, inevitablemente debe abarcar, en forma simultánea, aspectos relacionados con la política comercial, la política de inversiones y con arreglos y sistemas de carácter monetario e institucional. (Mayobre, Herrera Lane, Sanz de Santamaría, & Prebisch, 1965, pág. 8) A pesar de que esta iniciativa no fructificó, Herrera siempre reivindicó la necesidad de la integración política, económica y cultural continental en pos de afianzar el rol del bloque latinoamericano en el sistema internacional: Efectivamente, en los últimos veinte años hemos presenciado como nunca antes, un proceso de mayor afirmación regional, a pesar de las tensiones que se manifiestan entre varias de nuestras naciones. Nuestra regionalización debe medirse tanto en función de los importantes documentos jurídico-institucionales que surgen en la década de los sesenta, dando lugar a importantes esquemas de convivencia regional y subregional, como a la luz del incremento efectivo del intercambio comercial, de las relaciones financieras, de la complementación industrial, de la cooperación tecnológica y del intercambio de los recursos humanos entre nuestros países. (2007, pág. 19)

Herrera contemplaba la integración del bloque latinoamericano como una forma de autonomía respecto de las potencias globales de aquel entonces (EE.UU. y la URSS), abogando por el acercamiento y cooperación con el “Tercer Mundo”: En los trabajos señalados es de gran interés constatar lo que las circunstancias prevalecientes del Tercer Mundo en su conjunto hacían prever: América Latina ha tenido una experiencia especial, en todos los planos de su desarrollo colectivo, lo que permite aportar valiosas contribuciones que pueden servir precisamente para reforzar la "autoafirmación" que se busca de los países en vías de desarrollo.

[…] Pareciera ya una platitud recordar que el 70% de la población del mundo, con solo un 30% de su renta global, está muy lejos de constituir un bloque monolítico. Ese grupo de naciones utiliza con persistencia la definición acuñada por De Gaulle -Tercer Mundo- definiendo, en los días de auge de la bipolarización y de la guerra fria, que dicha parte de la humanidad aspiraba a un camino propio en el enfrentamiento entre los EE.UU, y el mundo capitalista industrializado, por una parte, y la Unión Soviética y los países socialistas de la Europa Oriental, por la otra. En tal sentido y aun cuando no existe una completa superposición, la noción de Tercer Mundo tiene raíces comunes con el movimiento de los denominados "países no alineados" (1977, pág. 15)

3. Un legado para redescubrir:

Hace más de medio siglo, Felipe Herrera postulaba:

América Latina vive una etapa decisiva de su historia. Es esta una época diferente, preñada de posibilidades, en la cual las fuerzas y elementos hasta ayer latentes se ponen de manifiesto, de manera con frecuencia abrupta. Se requiere por lo mismo unidad de pensamiento y de acción para canalizar el impulso dinámico de transformación que estos factores representan, orientándolos con seguridad y sin extravíos hacia las metas de desarrollo integral que la presente generación de latinoamericanos ansía alcanzar. Esta etapa exige una respuesta del nuevo tipo. (1967, pág. 15)

Estas palabras adquieren un renovado significado. En un mundo que avanza hacia un orden multipolar con superpotencias establecidas (Estados Unidos, Rusia y China) que consolidan sus esferas de influencia (Europa, Medio Oriente, África, Sudeste Asiático, etc.), el destino de América Latina parece estar sellado por su cercanía geográfica con los Estados Unidos y las recientes agresiones contra Venezuela y Cuba parecen demostrarlo.

Pero la solución para evitar la injusticia, el subdesarrollo y el derramamiento de sangre siempre ha estado aquí. En Indoamérica existe un extenso patrimonio intelectual dedicado a la superación de problemas estructurales mediante el entendimiento de nuestra posición y nuestro rol en el contexto global (Devés-Valdés, Álvarez, & Domínguez Ávila, 2024, págs. 21-22). El ejemplo más reciente de esta tradición es la propuesta del “No Alineamiento Activo”, cuya propuesta de diplomacia regional conjunta pretende:

[…] maximizar los beneficios para el desarrollo nacional de la integración a los flujos de comercio, inversión y financiamiento internacionales, pero preservando los espacios y los instrumentos de política necesarios para definir e implantar un modelo de desarrollo propio. También es clave contribuir a un régimen de gobernanza internacional democrático e incluyente, que combine interdependencia global y autonomía nacional. (Fortín, Heine, & Ominami, 2020, pág. 112)

La obra y el pensamiento latinoamericanista de Herrera Lane, fundado en el estudio minucioso de las dinámicas y estructuras político-jurídicas, económicas y socioculturales, es una excelente base teórica y práctica para avanzar tanto hacia un programa de transformaciones estructurales destinadas a la construcción de un orden político, social y económico más justo dentro de Chile y hacia América Latina como también nos ofrece una guía para entender los cambios del equilibrio de poder en el Mundo y trabajar por la consecución de la justicia y la soberanía para Nuestra América. Los países latinoamericanos están convocados a ser participes activos en la construcción de un nuevo mundo, no en calidad de botín o colonia de un poder imperial, sino como un bloque cohesionado de naciones con un rumbo propio y que afirma su existencia y protege sus intereses, he ahí la máxima que nos legó don Felipe Herrera Lane.

Notas

[1] Rosa era hija de Luis Álamos Barros, abogado y político radical que se desempeñó como ministro en las presidencias de Trucco, Alessandri Palma, Aguirre Cerda, Ríos y Duhalde. En 1947, trabajaba en el Banco Central de Chile, donde fue supervisor de Herrera Lane.

[2] Agrupación civil fundada en 1989, congregaba a diversas personalidades opositoras a la Dictadura Militar, ajenas a la política partidista. Estaba dirigida por el exministro Alejandro Hales y contó con la participación de Sofía Prats, Humberto Maturana, Manfred Max-Neff, Patricia Verdugo, Mónica Echeverría, entre otros.

[3] Sobre la relación entre socialdemocracia y los partidos políticos latinoamericanos recomendamos la lectura de nuestro artículo: https://praxispatria.cl/2022/03/28/la-cuestion-de-la-socialdemocracia-en-nuestra-america

[4] Incluso en durante los años de Herrera al mando de la institución bancaria era vista con recelo. Prueba de ello son las recurrentes críticas a Herrera en la revista “Punto Final”, donde se representaba al economista como un burócrata servil al imperialismo y a la burguesía local.

[5] Los cuatro economistas eran el venezolano José Antonio Mayobre (Secretario Ejecutivo de la CEPAL), el chileno Felipe Herrera (Presidente del BID), el colombiano Carlos Sanz de Santamaría (Presidente del Comité Interamericano de la Alianza para el Progreso) y el argentino Raúl Prebisch (Secretario de la Comisión de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo).

4. Bibliografía

Devés-Valdés, E., Álvarez, S. T., & Domínguez Ávila, C. F. (2024). Problemáticas internacionales y mundiales desde el pensamiento latinoamericano (2da ed.). Ciudad Autónoma de Buenos Aires - Santiago de Chile: Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales - Ariadna Ediciones. Obtenido de https://www.clacso.org/wp-content/uploads/2024/07/Problematicas-internacionales.pdf

Herrera Lane, F. (1967). Nacionalismo Latinoamericano. Santiago de Chile: Editorial Universitaria.

Herrera Lane, F. (1973). La tarea inconclusa: América Latina integrada. Estudios Internacionales, VI(21), 3-23. Obtenido de https://doi.org/10.5354/0719-3769.1973.17570

Herrera Lane, F. (Octubre-Diciembre de 1977). América Latina y el Tercer Mundo. Estudios Internacionales, X(40), 13-32. doi:https://doi.org/10.5354/0719-3769.1977.16544

Herrera Lane, F. (2007). América Latina y sus desafíos. Valparaíso: Foro de Altos Estudios Sociales Valparaíso. Obtenido de https://www.forovalparaiso.cl/wp-content/uploads/2016/12/Cuaderno-VI-Felipe-Herrera-Lane-Am%C3%A9rica-Latina-y-sus-desaf%C3%ADos.pdf

Mayobre, J. A., Herrera Lane, F., Sanz de Santamaría, C., & Prebisch, R. (1965). Hacia la integración acelerada de América Latina. México D. F.: Fondo de Cultura Económica.

Pinedo, J. (2009). Felipe Herrera y su proyecto de integración latinoamericana. Apuntes para una biografía intelectual. Universum, I(24), 162-180. doi:http://dx.doi.org/10.4067/S0718-23762009000100010

Tomassini, L. (1997). Felipe Herrera: Idealista y realizador. Santiago de Chile: Fondo de Cultura Económica.