La Justicia

Abr 26, 2021
Justicia

Cualquier letrado e incluso personas no relacionadas con el estudio de las ciencias jurídicas, podrían definir la ley, remitiéndose al Código civil correspondiente, pero pocos son quienes se aventurarían a exponer una definición de la palabra “justicia”.
Etimológicamente se acepta que justicia proviene del latín “ius”, es decir “lo justo” (esto por cierto, no nos responde la mayoría de las dudas). También se especula que justicia es una derivación de “Júpiter”, entendiéndola como un regalo divino (no muy creíble debido a que los romanos sabían diferenciar bastante bien el derecho de los hombres de las cuestiones religiosas). El positivismo de Kelsen, definiría la justicia simplemente como “el deber ser” dentro del imperio de la ley normativa, porque la ley tiene una potestad indiscutible que rige dentro de un determinado contexto histórico. Pero esto nos da espacio para el mero relativismo o entendimiento de la justicia como una consecuencia instrumental y utilitaria del poder social dominante, es decir, por ejemplo, dentro de una realidad capitalista donde las leyes mantienen la explotación y la permanencia de usureros, la justicia se remitiría al imperio de la ley en la época.

Por tanto el iuspositivismo no suele ocuparse de preguntas como ¿Puede ser injusta la ley? Porque para el derecho positivo la justicia existe en la medida que se promulgan leyes.

¿Cómo podríamos entender la justicia? ¿Existe alguna conceptualización de justicia que pueda extenderse a todos los tipos de justicia que suelen clasificarse, sea justicia social, económica, penal, etc? Sostenemos que sí, pues en términos filosóficos, políticos, sociales y civiles (polis), la justicia se entiende como la perpetuación y ejercicio de la equidad comunitaria, esto es, un sistema político-social exitoso, donde no existan diferencias ni distinciones privilegiadas entre ciudadanos, cuyo fin es construir el porvenir en conjunto (república auténtica). Por el contrario, cuando hablamos de un sistema injusto (como el capitalismo liberal), nos referimos a ordenamientos que facilitan el parasitismo de grupos sociales en desmedro de otros, aquel salvajismo donde los mercaderes y banqueros imponen sus lógicas y métodos de negocio lucrativo en cada uno de los aspectos de la vida. Triunfa la depredación del hombre por el hombre, la trampa, el individualismo, conduciendo a la barbarie, la falsa existencia.

Se puede afirmar que cada pueblo tiene su justicia con particularidades, en el sentido de que aquella rige sobre la comunidad, y que incluso no se impone necesariamente desde un ordenamiento jurídico estructural, sino que surge desde dentro, de la profundidad cultural-histórica de la propia colectividad. De ahí que la falsa justicia que privilegia a los usureros, corruptos y adinerados debe ser hecha trizas. Los grandes revolucionarios de todos los tiempos, los campeones de los pueblos, han tomado en sus manos las leyes injustas y las han despedazado. Los ladrones de la soberanía, los corruptos ilegítimos, los tiranos farsantes, los vendedores de elixires, han sido decapitados y expropiados en nombre de la justicia popular. Si la injusticia de unos pocos reina, los pueblos deben emprender la rebelión.

Por ello, la justicia como decíamos, tiene como esencia la equidad comunitaria, la abolición del oscurantismo de las sanguijuelas y explotadores, en pos de la conquista de la vida plena fraterna. La equidad comunitaria se extrapola en la justicia social, la justicia civil y penal, la justicia moral, entre otras, tomando significado y rigiendo el verdadero imperio del derecho dentro de una vida en comunidad. La justicia como concepto auténtico solo puede tener existencia si los pueblos son soberanos de su realidad, de su tierra trabajada, el producto íntegro de su trabajo y de la libertad conjunta.