Por Luis Bozzo

Hace unos días el departamento de Estado de EEUU comunicó mediante su red social X que: “El hemisferio es nuestro”, a raíz del impactante despliegue militar y bombardeo del gigante norteamericano contra Venezuela, que tuvo como resultado la captura del mandatario Nicolás Maduro y su extradición hacia ese país, con el objeto de ser juzgado por crímenes que incluirían narcotráfico y dirección del supuesto “Cartel de los soles”, entre otros.

Muchos se espantaron cuando Donald Trump declaró posterior a la operación, que su motivación central era la seguridad y recuperar el “petróleo que le robaron a su país”, sin maquillar la retórica con intenciones de libertad y democracia. Atrás quedaron los eufemismos y las caretas; el derecho internacional parece tan frágil como una hoja otoñal desquebrajándose. En pleno 2026, Trump reclama para sí el derecho de conquista en desmedro de cualquiera que se oponga. Los romanos antiguos definieron el Ius Conquistae como el derecho del imperio a imponerse por la fuerza militar, aboliendo o reordenando el orden preexistente, entregando argumentos como la asimilación y bienestar del imperio, la imposición de la esclavitud y/o tributos, y la facultad de civilizar a los bárbaros (algo así como una denominación antigua del “tercer mundo”).

A decir verdad, el ius conquistae imperó durante gran parte de la historia humana. Incluso en la Roma primigenia y en hechos reales mitologizados, cuando estos eran todavía una tribu guerrera, se vieron en la obligación de justificar y raptar para sí a las mujeres sabinas ¿Razones? Simplemente las negociaciones no resultaron y necesitaban procrear para crecer en número y poder, ya que no eran más que una bandada de hombres buenos para guerrear. Ejercieron el ius conquistae contra una tribu más desarrollada en riqueza pero más débil en fuerza, para tomar a sus mujeres con toda la brutalidad que el lector se pueda imaginar. Es el derecho de la fuerza por la fuerza, la última ratio, se convierte en la primera ratio y retorna en pleno siglo XXI en escalas mayores, justo cuando se pretendía que el triunfo de la razón en las relaciones internaciones, las grandes convenciones y cortes mundiales de los derechos humanos y libertades se creían inviolables, toda vez que procesalmente durante la historia, se comenzó a definir como barbarie el accionar de imponerse y someter pueblos mediante la brutalidad, colocando como fuente sacra los sucesos históricos que no pocas veces germinaron en genocidios, matanzas, masacres, torturas, caos, esclavitud, etc.

Un imperialismo extensivo como el norteamericano siempre tendrá razones para accionar más allá de la soberanía de los pueblos (Dictan que necesitan el petróleo; el estiércol del diablo), pero lo que sorprendió a muchos esta vez, fue que EEUU actúa sin intermediarios, es decir, sin grupos financiados, sin golpes blandos y sin un centinela, sino que expone el derecho de atacar sin consentir acuerdos, tal como hicieron potencias del mundo antiguo, la edad media o inicios del siglo XX. Israel por ejemplo, desde hace varios años, expuso su derecho sagrado de imponerse por la fuerza, incluso cuando eso desemboque en la erradicación de otros pueblos. ¿Por qué? Porque tienen las armas y el poder para imponerse y someter.

No hay consigna romántica, golpes en el pecho ni quejumbre lastimera que pueda detener la brutalidad de la fuerza. Naciones como Irán y Corea del norte expresan que sus plantas y armas nucleares son la única garantía de soberanía posible contra enemigos terribles, ¡Y la historia termina por darles la razón!

Muchos buscan especular que fue lo que ocurrió ese día en Venezuela. La captura de Maduro y su esposa fue veloz, precisa y efectiva. Hubo un gran número de militares venezolanos y cubanos muertos según informes conocidos hoy, otros quedaron heridos y el Gobierno de Venezuela emitió un comunicado que indica además el perecimiento de dos civiles. Algunos hablan de una supuesta conspiración donde la Vicepresidenta de Venezuela Delcy Rodríguez y otros mandos, estarían involucrados para derrocar a Maduro, pero Rodríguez, hoy asumida como Presidenta encargada de Venezuela, ha manifestado un fuerte apoyo a Nicolás Maduro, tratando de conversar con Estados Unidos. Lo que deberían preguntarse muchos analistas, es si acaso Delcy Rodríguez o cualquier autoridad de Venezuela tiene algún poder u opción real de oponerse con efectividad a lo que decida Estados, pues ese es el poder de la fuerza por la fuerza.

Otros han especulado y sentenciado que la intervención en Venezuela se ejerce con un previo acuerdo entre Estados Unidos, Rusia y China (a raíz de que el gobierno de Trump declaró que no habrían variaciones en los precios sobre el petróleo que se envía a Rusia y China). A nuestro parecer, eso también resulta simplista de observar y no porque Rusia y China hayan condenado abiertamente el actuar de Estados Unidos, sino porque el siglo XXI ha comenzado con el estoque de la guerra directa, lo que por consiguiente trae tácticas como los ataques sorpresivos, que pueden descolocar incluso a potencias enemigas. Es un mundo peligroso y pragmático, donde hay que ver más allá de las formas, más allá de los ojos, donde se dialoga pero también se dan golpes bajos y nocauts, donde se dice una cosa pero se hace otra, donde no se declaran siempre los movimientos.

Recordemos que cuando Rusia sorprendió al mundo con sus operaciones en Ucrania, el gobierno de Zelenski estaba cometiendo una serie de abusos contra la población rusa del Dombás, y además estaba preparando terreno hostil para que con ayuda de la Unión Europea, se armará un bloque territorial que amenazara la soberanía rusa a través del uso de la fuerza, con apoyo de Biden en ese entonces. Eso ameritó la acción bélica directa de Putin, quien estratégicamente lleva a cabo una guerra de desgaste contra Ucrania (hasta ahora la gran perdedora de la guerra).

En este mundo turbulento, en el cual la multipolaridad se comienza a configurar con la existencia de grandes espacios (En el que Estados Unidos considera a Latinoamérica “su” espacio), contra las declaraciones de “Este hemisferio es nuestro” debemos interponer más que nunca el lema de “Nuestra América”, lema que engloba nuestra forma de ser en el mundo, extendiéndose a la soberanía de los pueblos. Por cierto, esto va más allá del chavismo o las críticas que quieran realizar a Nicolás Maduro y la migración venezolana (Necesitamos otro texto para hablar de la originalidad del proceso bolivariano), es un acontecimiento que redefine el tablero, afectando a todos los pueblos al sur de Estados Unidos. La verdad es desgarradora; alegar ante la comunidad internacional no detiene al que tiene poder para imponerse por la fuerza, llegando incluso a bombardear otro país y secuestrar al Presidente de otro país para ser juzgado según las leyes de Estados Unidos, dando a entender que su derecho penal es universal y se expande más allá de sus fronteras hacia lo que consideran “su hemisferio”. Mencionemos también que Rusia y China son potencias pragmáticas, no tienen acuerdos de protección militar con Venezuela y sería un error catastrófico reaccionar al actuar de Estados Unidos como sueñan algunos inocentes. Tanto Putin como Xi Jinping deben estar entre los mandatarios más capacitados y estratégicos del mundo como para pisar en arena movediza.

¿Qué hacer entonces? El llamado de todos los libres de Chile y del continente, de todos los defensores de la soberanía de los pueblos, es primeramente definir la estrategia de expansión política en su región, moviéndose dentro del poder, concretando y respaldando la existencia de gobiernos que apuesten por el desarrollismo y soberanismo continental, pues esta compleja tarea requiere de un trabajar a largo plazo entre los países de la orbe y requiere de poder político soberano que nace primero dentro de la particularidad de los países, sin eso no hay nada. Hay que observar varios antecedentes previos de cerca: el desarrollo de Brasil, nación que tiene condiciones de convertirse en la primera potencia de la latitud, así como también el auge y caída de gobiernos desastrosos pro Estados Unidos como el de Milei. Nuestro Chile no está ajeno tampoco a las convulsiones del mundo y estamos ad portas del comienzo de Gobierno de Kast, el cual de momento se muestra como un continuismo del sistema de siempre, y por cierto, un aliado declarado de Estados Unidos en la región. No deben dejar de observarse tampoco las relaciones diplomáticas y comerciales de nuestro país con potencias como China y Rusia, ya que China al menos sigue siendo el principal socio económico de Chile.

La situación geopolítica es grave y el destino de Nicolás Maduro y Venezuela se vislumbra borroso, no obstante todavía queda demasiada historia en el porvenir y ahí es donde debemos estar a la altura, aprendido a ver más allá de los formas como mencionamos anteriormente.